Primera Parte: Introducción
1. Nuevo Comienzo
2. Campo de entrenamiento
3. Carrera de obstáculos
4. Nuestra estrategia
Segunda Parte: El Padrenuestro
5. Padre nuestro que estás en los cielos
6. Santificado sea tu Nombre
7. Venga tu reino
8. El pan diario
9. Perdona nuestras deudas
10. Perdonando al deudor
11. No nos metas en tentación
12. Líbranos del mal
13. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos
14. Amén
Fuente Bibliográfica: "Ni tan solo una hora" de Larry Lea
Mostrando entradas con la etiqueta Misión Esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Misión Esperanza. Mostrar todas las entradas
viernes, 4 de mayo de 2012
jueves, 3 de mayo de 2012
Misión Esperanza: Amén
Bueno, hasta
aquí hemos llegado, han sido unos meses apasionantes de entrenamiento, donde
hemos visto y analizado el Padrenuestro, y como Jesús nos dejó un bosquejo
sobre la oración, para que nosotros podamos orar y permanecer en comunión con
Él por más de una hora.
Animo a todos
los que han llegado hasta aquí, a no bajar los brazos, se acaba el estudio,
pero no el tiempo de orar. Necesitamos levantarnos como el ejército de Dios,
como guerreros de oración, ganando la guerra de rodillas contra las fuerzas de
nuestro enemigo, el diablo, la serpiente antigua, el gran dragón, que solo
quiere destruirnos. Hacer que nuestro tiempo en la tierra sea un infierno y que
no disfrutemos de lo que Dios ha preparado para nosotros. Pero repito, solo
ganaremos cuando doblemos nuestras rodillas y oremos, proclamando la grandeza
de nuestro Dios. Cuando comprendamos la importancia que tiene la oración y lo
fundamental que es para nuestra vida cristiana el pasar tiempo con Dios.
Hoy precisamos
pasar tiempo con nuestro Señor y Dios. Alabarlo por poder llamarlo Padre,
proclamar la grandeza y santidad de Su nombre. Pedirle, que Su voluntad sea
hecha en nuestras vidas, que nos provea lo necesario para cada día y el perdón
de nuestros pecados. También debemos decidir perdonar a quienes nos ofenden,
que Dios nos libre de la tentación colocándonos la armadura que Dios nos ha
provisto, y que levante un cerco de protección alrededor nuestro y de nuestras
familias. Finalizando nuestra oración alabándolo por ser parte de Su reino, por
habernos dado Su poder, y porque un día estaremos en Su gloria por los siglos
de los siglos. Amén
El bosquejo
Completo de Oración
1. Padre nuestro que estás en los cielos
1.1. Piense por un momento en el sacrificio de Jesús, y en la sangre
derramada. Alábelo por los beneficios obtenidos.
1.1.1. Agradezca que gracias a ese sacrificio, puede llamar a Dios, Padre.
2. Santificado sea tu nombre.
2.1. Decida vivir una vida que santifique y honre el nombre de Dios.
2.2. Alabe y agradezca a Dios porque Él es:
2.2.1. El gran YO SOY
2.2.2. JIREH, el que provee
2.2.3. MEKADDESH, el que santifica
2.2.4. RAFA, el que sana
2.2.5. NISSI, mi bandera
2.2.6. ROHI, mi pastor
2.2.7. SABAOT, mi máxima autoridad
2.2.8. SHALOM, mi paz
2.2.9. SHAMMAH, mi compañero
2.2.10. TSIDKENU, mi justicia
3.
Haga una declaración de fe:
"Venga tu reino. Hágase tu voluntad" sobre las cuatro áreas
principales.
3.1.
Usted mismo
3.1.1. Asegúrese de estar en buenas relaciones con Dios.
3.1.2. Pídale a Jesús que ocupe el trono de su vida y gobierne en cada
esfera.
3.1.3. Permanezca delante del Señor hasta que el curso del día quede
establecido, y el Espíritu de Dios esté activo dentro de usted.
3.1.4. Que Dios ordene sus prioridades
3.2.
Su familia
3.2.1. Su cónyuge
3.2.2. Sus hijos
3.2.3. Padres
3.2.4. Hermanos
3.2.5. Otros miembros de la familia
3.3.
Su iglesia
3.3.1. Su pastor
3.3.2. Los líderes de la iglesia
3.3.3. La fidelidad en las personas
3.3.4. La cosecha
3.4.
Su país
3.4.1. Los líderes políticos de la ciudad, del estado, del país
3.4.2. Los líderes espirituales
3.4.3. El avivamiento
4.
El pan nuestro de cada día
4.1.
Estar en la voluntad de Dios.
4.1.1. Pídale al Espíritu Santo que le ayude a desarrollar una vida
personal de oración, constante, diaria, y a pasar tiempo en la Palabra para
tener comunión diaria con Jesús.
4.1.2. Ore pidiendo al Señor que lo arraigue en su iglesia local, y haga de
usted una parte activa y sana dentro de ese cuerpo.
4.1.3. Examine sus hábitos de trabajo. ¿Es usted perezoso? ¿Es adicto al
trabajo? Pida al Señor que le dé habilidad, eficacia, poder y equilibrio.
4.1.4. Examine sus ofrendas. ¿Está obedeciendo al Señor, trayendo los
diezmos y ofrendas a su casa? ¿O es usted codicioso, tacaño, o un mal administrador?
¿Paga usted sus cuentas y tiene reputación de ser una persona honesta que
cumple con su palabra? Tómese un tiempo para orar sobre estos asuntos.
4.2.
Creer que es la voluntad de
Dios prosperarlo.
4.2.1. Aprenda de memoria pasajes tales como Lc 6.38 y Fil 4.19 para
usarlos como declaraciones de fe cuando ore pidiendo por sus necesidades.
4.2.2. Medite en la Palabra de Dios hasta que comprenda realmente y crea
que es la voluntad de Dios bendecirlo.
4.3.
Ser específico.
4.3.1. Presente diariamente necesidades específicas delante de Dios.
4.3.2. Decida orar en lugar de preocuparse.
4.4.
Ser tenaz.
4.4.1. Reconquiste el terreno perdido que el diablo le ha robado. El
desánimo y la incredulidad le han impedido obtener respuesta a sus oraciones.
Tome nuevamente esas peticiones y persevere hasta que obtenga la respuesta.
4.4.2. Alabe al Señor porque Él es Jehová-Jireh: El ve su necesidad con
antelación y provee para ella.
5.
Perdona nuestros pecados, como
nosotros perdonamos a nuestros deudores
5.1.
Pida a Dios que lo perdone.
5.1.1. Resuelva sus pecados. Pídale al Espíritu Santo que le muestre las
esferas de su vida en las que no agrada a Dios.
5.1.2. Confiese su pecado. Póngase de acuerdo con Dios y diga lo que él
dice respecto de su pecado. Pídale que lo ayude a odiar sus pecados con un odio
absoluto, y que le ayude a liberarse de su dominio.
5.2.
Perdone tantas veces como desea
ser perdonado.
5.2.1. Medite respecto de la enorme deuda de pecado que Dios le ha
perdonado.
5.2.2. De manera consciente y obrando en su voluntad, perdone a aquellos
que han pecado contra usted, y entréguelos a Dios. Ore por aquellos que lo han
ofendido.
5.3.
Determine en su voluntad
perdonar a cualquiera que lo ofenda durante este día.
5.3.1. Hágase el propósito de devolver bien por mal por el poder del
Espíritu Santo.
5.3.2. Formule esta declaración de fe: "Amaré a mis enemigos.
Bendeciré a quienes me maldigan y haré bien a quienes me odian. Oraré por los
que me ultrajan y por los que me persiguen" (Mt 5.44).
5.3.3. Ore pidiendo experimentar en mayor medida el fruto del Espíritu en
su vida: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y
templanza (Gá 5.22- 23).
6.
Nos metas en tentación, mas
líbranos del mal
6.1.
Póngase toda la armadura de
Dios.
6.1.1. Ciña sus lomos con la verdad.
6.1.2. La coraza de justicia.
6.1.3. Los pies calzados con la preparación del evangelio de la paz.
6.1.4. El escudo de la fe.
6.1.5. El yelmo de salvación.
6.1.6. La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
6.1.7. Orando siempre en el Espíritu.
6.2.
Construya un cerco de
protección.
6.2.1. Declare: "Él es mi refugio y fortaleza: mi Dios; en él
confiaré."
6.2.2. Porque hemos hecho del Señor nuestra habitación.
6.2.3. Porque le hemos dado nuestro amor.
6.2.4. Porque hemos conocido su nombre.
7.
Tuyo es el reino, y el poder, y
la gloria
7.1. El reino
7.1.1. Alabe al Señor porque él lo ha trasladado del reino de tinieblas al
reino del amor y de la luz.
7.1.2. Alabe a Dios porque él lo ha invitado a participar de su reino.
7.2. El poder
7.2.1. Alabe al Señor porque él lo ha invitado a participar de su poder.
7.2.2. Medite acerca del poder de Dios su Padre. Compare sus propios
problemas frente a las obras poderosas y milagrosas de Dios, y a su gran amor
por usted.
7.3. La gloria
7.3.1. Contemple la gloria del Señor, el carácter y las maneras de Dios
exhibidas por medio de Cristo. Pídale al Espíritu Santo que lo transforme a esa
misma imagen, formando a Cristo en usted. Pida ser transformado mediante la
renovación de su mente.
7.3.2. Pida al Señor que le ayude a andar de manera que lo honre y que lo
ayude a servirlo como él lo merece.
Etiquetas:
Biblia,
Cristianismo,
Estudios Biblicos,
Misión Esperanza,
Oración
jueves, 26 de abril de 2012
Misión Esperanza: Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos
El Padrenuestro se inicia y se cierra
con una alabanza. La alabanza y la adoración restauran al pueblo de Dios, dan
vitalidad a los creyentes (energía y fuerza sobrenaturales), esenciales para la
victoria, la integridad, y la armonía. Por lo tanto, necesitamos aprender cómo
dejar que nuestros corazones se eleven a Dios en alabanza y gratitud, alabando
y exaltando sus perfecciones y sus obras poderosas, y agradeciéndole por todos
sus beneficios.
La Biblia afirma que los impíos se
niegan a ofrecer alabanzas a Dios (Ro 1.21; Ap 16.9), pero el pueblo de Dios
siempre ha sido y será un pueblo de alabanza. No nos sorprende que la Palabra
de Dios revele muchas formas de expresar nuestro amor, gratitud y adoración al
Señor. Un examen de las Escrituras muestra que debemos alabar a Dios con
nuestros labios, con nuestros gestos corporales, y ejecutando y entonando
música.
En el Antiguo Testamento hay algunas
palabras en hebreo que nos muestran como alabar y adorar a Dios.
Hallal: "estar tremendamente
entusiasmado, exaltar, ufanarse, vociferar, celebrar." Alabanza a viva
voz.
Barak: "bendecir, declarar a Dios
como fuente de poder para alcanzar el triunfo, la prosperidad, la fertilidad;
estar en quietud". Alabanza suave, susurrada
Shabach: "alabar, dirigirse a
alguien a viva voz, gritar".
Todah: "extender las manos en
gratitud".
Yadah: "adorar con las manos
extendidas, extender las manos hacia adelante, disfrutando de Dios".
Zamar: "pulsar las cuerdas de un
instrumento, o alabar con un cántico"
Tehillah: “cantar en el Espíritu o
cantar salmos”.
Que no nos de miedo dejarnos guiar por
el Espíritu Santo para adorar a Dios con nuestras bocas, nuestro cuerpo de la
manera que Él nos vaya guiando.
Después que hayamos presentado nuestras
peticiones a Dios nuestro Padre, debemos darle nuestra alabanza. Las palabras
"porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los
siglos", son palabras que carecen de sentido para la mayor parte de las
personas. Por ese motivo vamos a estudiarlas brevemente:
El reino
Sal 22.28 "Porque el reino es del Señor"
Mt 6.13 "Tuyo es el reino"
Lc 12.32 "No temáis, manada
pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino"
Col 1.12-14 "Con gozo dando gracias
al Padre que nos ha... trasladado al
reino de su amado Hijo..."
2 Ti 4.18 "Y el señor me librará de
toda obra mala, y me preservará para su
reino celestial"
Cuando oramos tuyo es el reino, alabemos
a Dios, quien nos libró del reino de las tinieblas y nos trasladó a su reino de
amor y luz. Alabe a Dios porque lo ha invitado a participar de su reino.
El poder
1 Cr 29.12 "En tu mano está la
fuerza y el poder"
Sal 21.13 "Engrandécete, oh Jehová,
en tu poder; cantaremos y alabaremos
tu poderío"
Jer 10.12 “El que hizo la tierra con su poder,…”
Sal 66.7 “Él señorea con su poder para siempre;”
Dios nos ha concedido Su poder
Sal 68.35 “…El Dios de Israel, Él da fuerza y vigor a su pueblo.”
Dt 8.18 “… Jehová tu Dios… te da el poder para hacer las riquezas,…”
Is 40.29 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”
1 P 1.5 “… sois guardados por el poder de Dios mediante la fe,…”
1 Co 6.14 “Y Dios, que levantó al Señor,
también nos levantará a nosotros con su
poder.”
Lc 10.19 “He aquí os doy potestad para hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda
fuerza del enemigo, y nada os dañara.”
Lc 24.49 “He aquí, yo enviaré la promesa
de mi Padre sobre vosotros;… hasta que seas investidos de poder de lo alto.”
Hch 1.8 “pero recibiréis poder, cuando
haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo,…”
1 Co 4.20 “el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.”
Ef 6.10 “Por lo demás, hermanos míos,
fortaleceos en el Señor, y en el poder
de su fuerza.”
Alabemos a Dios quien nos ha invitado a
participar de Su poder y esta disponible para nosotros.
La gloría
Sal 24.8 “¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y
valiente, Jehová el poderoso en batalla.”
1 Cr 16.27 “Alabanza y magnificencia delante de él;…”
Is 42.8 “Yo Jehová; este es mi nombre; y
a otro no daré mi gloria, ni mi
alabanza a esculturas.”
¿Qué es la gloria de Dios? Es la
evidente perfección de su carácter, especialmente su justicia. Sabemos que
todos hemos quedado destituidos de la gloria de Dios (Ro 3.23), y sin embargo
él nos ha invitado a ser partícipes de su gloria. Jesús hizo posible esto (He
2.9-10).
Ro 8.17 “Y si hijos, también herederos;
herederos de Dios y coherederos de Cristo, si es que padecemos juntamente con
él, para que juntamente con él seamos
glorificados.”
Ro 8.18 “… las aflicciones del tiempo
presente no son comparables con la
gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”
2 Co 3.18 “… somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen,
como por el Espíritu del Señor.”
1 P 5.10 “Mas el Dios de toda gracia,
que nos llamó a su gloria eterna en
Jesucristo,…”
Alabemos a Dios porque nos ha invitados
a ser partícipes de su gloria.
"Te alaben, oh Jehová, todas tus
obras, y tus santos te bendigan. La gloria de tu reino digan, y hablen de tu
poder, para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, y la
gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones" (Salmo
145:10- 13).
"Bendito seas tú, oh Jehová, Dios
de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Jehová,
la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas
las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es
el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de
ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano
el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros
alabamos y loamos tu glorioso nombre" (1 Crónicas 29:10-13).
Un bosquejo de oración
1. El reino
1.1. Alabe al Señor porque él lo ha trasladado del reino de tinieblas al
reino del amor y de la luz.
1.2. Alabe a Dios porque él lo ha invitado a participar de su reino.
2. El poder
2.1. Alabe al Señor porque él lo ha invitado a participar de su poder.
2.2. Medite acerca del poder de Dios su Padre. Compare sus propios
problemas frente a las obras poderosas y milagrosas de Dios, y a su gran amor
por usted.
3. La gloria
3.1. Contemple la gloria del Señor, el carácter y las maneras de Dios
exhibidas por medio de Cristo. Pídale al Espíritu Santo que lo transforme a esa
misma imagen, formando a Cristo en usted. Pida ser transformado mediante la
renovación de su mente.
3.2. Pida al Señor que le ayude a andar de manera que lo honre y que lo
ayude a servirlo como él lo merece.
3.3. Alábelo y glorifíquelo.
Etiquetas:
Biblia,
Cristianismo,
Estudios Biblicos,
Misión Esperanza,
Oración
miércoles, 18 de abril de 2012
Misión esperanza: Líbranos del mal
En esta
segunda parte de la oración, “no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal”, estaremos viendo que Jesús nos
enseña que debemos pedir por ser librado del poder del maligno, que quiere
matar, robar y destruirnos. El enemigo va a atacar, y hacer todo lo posible
para influir en nosotros, hasta llegar a dominarnos y hacernos desviar del
camino. Por eso esta suplica, va mucho mas allá de pedir superar el deseo de
pecar o las tentaciones, es suplicar para que el Señor nos proteja de las
fuerzas enemigas que buscan destruir el plan de Dios para nosotros.
Yo les hago
una pregunta: ¿Están cansados de repetir el pecado, vez tras vez? ¿Harto que el
diablo los derrote y se sientan desesperanzados? ¿Les gustaría saber de que
manera vencer y obtener la victoria constante sobre el enemigo?
Construyendo el cerco de protección
Como primer paso para vencer al enemigo es
vestirnos con la armadura completa que Dios nos ha provisto, y que hemos visto
en el capitulo anterior.
Y también
debemos aprender a levantar un cerco de protección alrededor de nuestras vidas
y familias. Leemos en Job 1.10 que Job y su familia tenían un cerco de
protección, que impedía que el diablo los tocara, y todo lo que hacían era
bendecido. Claro que el secreto lo tenemos en los versículos 1, 5, 6. Job era
una persona temerosa de Dios, que oraba y ofrecía holocaustos y sacrificios a
Dios. ¿Será que este cerco fue solamente para Job?
Leamos que
dice el Sal 91.2: “Diré yo a Jehová:
esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré." Y
entonces, en el versículos 3 leemos "él
te librará del lazo del cazador, de la peste destructora”.
En los
siguientes versículos encontramos tres razones por las que nosotros podemos
orar reclamando la protección de Dios. Veámoslas:
“Porque
has puesto… al Altísimo por tu habitación” v9: ¿Cómo se hace de Dios
nuestra morada? El Sal 22.3 nos enseña que Dios habita en medio de las
alabanzas. Cuando nosotros alabamos y adoramos a Dios, comenzamos a habitar en
Su Presencia. Pablo también lo dijo en Ef 5.18-19 que debemos ser llenos del
Espíritu Santo, hablando entre nosotros con salmos, himnos y canticos
espirituales, cantando y alabando al Señor en nuestros corazones. Para resumir,
podemos decir que cuando cantamos, Dios habita en las alabanzas, y entonces
nosotros moramos en Él. Y entonces, será nuestro refugio.
“Por
cuanto en mí (Dios) ha puesto su amor” v14: Nosotros amamos a Dios,
porque Él nos amó primero. Pero debemos demostrarlo dándole el primer lugar en
nuestras vidas. Si queremos que Dios nos proteja, nos rodee con un cerco de
protección, debemos mostrarle nuestro amor. Él nos pide: “Quédate velando
conmigo una hora”, pero nosotros le damos prioridad a nuestros propios asuntos.
Y cuando nos dimos cuenta, se paso el día y no hemos ni siquiera velado 5
minutos. Es tiempo de que demostremos nuestro amor e interés en Dios, dándole
la primera hora del día, y que luego tendremos todo el resto del día para
ocuparnos en nuestros asuntos, guiados y acompañados por Él. En la medida en
que le entreguemos nuestro amor y nos aferremos a Él con una confianza
inconmovible, Dios será nuestra protección.
“Por
cuanto ha conocido mi nombre” v14: Pr 18.10 nos dice que "Torre fuerte es el nombre
de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado". El nombre de
nuestro Señor no sólo significa quién es, sino lo que Él quiere ser en nuestra
vida. Recordemos lo que hemos visto en el capitulo sobre “Santificado sea tu
nombre”. Conozcamos a Dios por su nombre, y dejémosle a Él ser esta torre
fuerte e invencible en nuestras vidas, y que tanto necesitamos.
Para resumir,
si queremos que Dios sea nuestro refugio y fortaleza, debemos hacer del Señor
nuestra habitación, cantándole alabanzas y adorándole. Demostrémosle nuestro
amor buscándolo en primer lugar, sobre todo lo demás. Y conozcamos su nombre,
quien es y quien quiere ser en nosotros.
Recordemos
nuevamente el cerco de protección que Job tenía, era sobre él, sobre su familia
y sobre sus cosas. Esto es lo que Dios puede, y quiere, hacer con nosotros.
Un bosquejo de oración
1.
Póngase toda la armadura de
Dios.
1.1.
Ciña sus lomos con la verdad.
1.2.
La coraza de justicia.
1.3.
Los pies calzados con la
preparación del evangelio de la paz.
1.4.
El escudo de la fe.
1.5.
El yelmo de salvación.
1.6.
La espada del Espíritu, que es
la Palabra de Dios.
1.7.
Orando siempre en el Espíritu.
2.
Construya un cerco de
protección.
2.1.
Declare: "Él es mi refugio
y fortaleza: mi Dios; en él confiaré."
2.2.
Porque hemos hecho del Señor
nuestra habitación.
2.3.
Porque le hemos dado nuestro
amor.
2.4.
Porque hemos conocido su
nombre.
Etiquetas:
Biblia,
Cristianismo,
Estudios Biblicos,
Misión Esperanza,
Oración
martes, 10 de abril de 2012
Misión Esperanza: No nos metas en tentación
Muy bien
soldados, hemos llegado a la parte de la oración donde veremos como
enfrentarnos al enemigo. Hasta ahora hemos realizado alabanzas y peticiones a
Dios, y hemos pedido perdón y perdonado. Podríamos pensar que hasta acá
llegaría una oración. Hemos cumplido con todo. ¿O no? Jesús siguió orando, "No
nos metas en tentación, mas líbranos del mal."
En este capítulo
vamos a estar viendo la primera declaración y en el próximo la protección sobre
el mal.
Cuando Jesús
nos indica que digamos "no nos dejes caer en tentación", nos está
diciendo que pidamos a Dios, que las fuerzas que escapan a nuestro control no
nos pongan en aprietos. Nos está ordenando que velemos y oremos para no caer en
tentación por nuestro propio descuido o desobediencia.
Sabemos que
Dios no tienta a nadie porque Él mismo no puede ser tentado (Stg 1.13).
Entonces, ¿de donde proviene la tentación? La Biblia nos enseña que nuestro
enemigo, el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 P 5.8).
Y que somos tentados de acuerdo a
nuestras concupiscencias (Stg 1.14).
Para poder
entender de que manera Dios ha provisto para que no caigamos en tentación,
vamos a estudiar brevemente el pasaje de Ef 6.10-18
"Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su
fuerza." Para poder afrontar este conflicto, necesitamos poder. Y este
proviene de Dios, de la comunión con El.
"Vestíos de toda la armadura de Dios."
Debemos ponernos la armadura que Dios nos provee de forma completa, sin omitir
ningún elemento.
"Para que podáis estar firmes” La
armadura nos ha sido dada para resistir. Mantener una actitud firme al
enfrentarnos al enemigo.
"Contra las asechanzas del diablo."
Debemos resistir los engaños, las mentiras y las estratagemas del enemigo, de
nuestro adversario, el diablo. Que ataca a veces de forma sutil, pero
peligrosa.
"Porque no tenemos lucha contra sangre y
carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de
las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las
regiones celestes." Esto nos tiene que quedar bien claro, no peleamos
contra personas u organizaciones. Sino contra las fuerzas espirituales de
maldad. Contra gobernantes de las tinieblas. Por eso nuestras armas tienen que
ser espirituales y no carnales (2 Co 10.4-5).
"Por tanto, tomad toda la armadura de Dios,
para que podáis resistir en el día malo" Para poder resistir en el día
de la tentación, debemos ponernos toda la armadura de Dios, De nada sirven las
estrategias humanas para resistir. Y, como no sabemos cuando la tentación puede
atacar, debemos estar siempre preparados.
"Y habiendo acabado todo, estar firmes.
Estad, pues, firmes." Permanecer firme se repite una y otra vez,
porque esta batalla, la debemos enfrentar con el propósito de vencer.
"Ceñidos vuestros lomos con la verdad."
Se le denomina lomos a la parte del cuerpo que está entre las costillas y la
cadera. La prenda de protección que cubría los lomos del soldado romano era la
parte primera y más necesaria de su armadura. No sólo servía para conservar la
armadura en su lugar, sino para sostener la espada.
Nuestros
lomos deben ser cubiertos con la verdad; como creyentes, debemos estar saturados
de la verdad de Dios. Debemos saber quiénes somos en Dios, y quién es Dios en nosotros.
Y luego actuando según esa verdad, en lugar de actuar según sus emociones.
"Y vestidos con la coraza de justicia."
La coraza se usaba sobre el pecho y protegía el corazón y los pulmones. Zonas
vitales del cuerpo. Nuestra coraza es la justificación de Dios por medio del
sacrificio de Jesús. Esta coraza es la que cuida nuestro corazón de los
ataques.
"Y calzados los pies con el apresto del
evangelio de la paz." En la batalla es de suma importancia poder estar
bien parados, estables. Sin trastabillar ni tambalear. Poder dar pasos con
firmeza. Para esto son las sandalias. El evangelio nos da firmeza a nuestra
vida. En la Palabra encontramos dirección para nuestras vidas. Debemos caminar
en la voluntad de Dios
"tomad el escudo de la fe." El
escudo era una parte de la armadura que se cargaba sobre el brazo para proteger
y cubrir el cuerpo en su totalidad durante la batalla.
La fe nos
presta el mismo servicio que el escudo. Nos protege contra los dardos del
enemigo. Si creemos en Dios y confiamos en Su Palabra, el enemigo no podrá
dañarnos.
"Y tomad el yelmo de la salvación."
El yelmo se usaba para proteger la cabeza. El yelmo de la salvación protege nuestras
mentes y pensamientos. Debemos pedir y recibir la mente de Cristo, la cual nos
ha sido dada a todos los creyentes.
"Y la espada del Espíritu, que es la palabra
de Dios." La espada es un arma ofensiva con una hoja de filo adosada a
una empuñadura.
La palabra de
Dios es el arma entregada al cristiano para poder ahuyentar al enemigo. Por eso
es sumamente importante que leamos la Biblia y que la memoricemos para que
pueda ser usada en el momento de las
tentaciones, en el momento en que seamos atacados por el enemigo.
"Orando en todo tiempo con toda oración y
súplica en el Espíritu." La última y poderosa pieza de la armadura de
Dios es la oración en el Espíritu. Orar en y con el Espíritu. Hasta puede ser
en otras lenguas. Esta es la única manera de poder orar sin cesar, cuando
oramos en nuestro espíritu. La mente tiene limitaciones, pero el Espíritu sabe
orar como conviene Ro 8.26.
"Velando en ello" Se refiere al
cuidado que debemos tener para no descuidar la oración, tan esencial para
alcanzar la victoria en conflictos espirituales.
"Con toda perseverancia y súplica por todos
los santos." No solo debemos orar por nosotros sino por todo el
batallón, por todo el ejército. El éxito de uno es el éxito de todos.
¿Cuál es la
otra cara de la enseñanza? Que si no oramos, si no nos ponemos la armadura
completa de Dios, no podemos resistir los dardos del maligno. ¡No podremos
mantenernos en pie!
Este pasaje
de Efesios no fue escrito simplemente como una bella metáfora. Fue escrito para
que lo obedezcamos y lo apliquemos todos los días de nuestra vida.
¿Pero cómo podemos
colocarnos una armadura que no puede ver, tocar o percibir? Por fe. Nos ponemos
la armadura al creer y confesar las promesas de Dios. Cada día deberíamos orar
para colocarnos la armadura completa de Dios.
Etiquetas:
Biblia,
Cristianismo,
Estudios Biblicos,
Misión Esperanza,
Oración
viernes, 30 de marzo de 2012
Misión Esperanza: Perdonando al deudor
En el
capitulo anterior vimos la necesidad de pedir perdón en nuestras oraciones.
Dejar que el Espíritu Santo nos indique pecados y deudas, para confesarlas a
Dios y recibir el perdón.
Pero el
versículo del Padrenuestro que estamos estudiando dice “Y perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Para Dios es tan
importante que le pidamos perdón, como que perdonemos. Y de tal manera esto es
así, que Él condicionó nuestro perdón, a la forma en que perdonemos a los
demás. Por lo tanto, en este capítulo vamos a ver la importancia de perdonar a otros
y como nos afecta.
Cuando
alguien nos ofende, por lo general seguimos los siguientes pasos:
Enojo: La primera reacción
es enojarnos. “¿Quién se cree que es para hablarme así?” “Señor castígalo”. Incluso
lo disfrazamos diciendo que estamos heridos, asombrados, o algo similar para no
reconocer nuestro enojo con el ofensor. Pero debemos entender, que a veces Dios
permite que nos ofendan para madurar y crecer. Pero nosotros no pensamos en
eso, sino que seguimos hacia el siguiente paso.
Alimentación: Le damos de
comer a la ofensa, la cuidamos, la dejamos instalarse en todo nuestro cerebro y
desde ahí gobernarnos. Y nosotros se lo permitimos, recordándola.
Repetir la escena: El
siguiente paso es el de repetir la escena para no olvidarnos ningún detalle, en
cámara lenta, y hasta le vamos sacando todo lo que no nos gusta, la vamos
modificando para vernos mejor y ver la ofensa más grave y terrible.
Pero llega un
momento en que queremos olvidarnos, dejarla pasar o seguir con otra cosa, pero
ya se ha instalado, se ha adueñado de nosotros y de nuestro comportamiento.
Para eso debemos buscar la solución:
Dispersarla:
Entregándosela a Dios. Humillándonos ante Dios, pidiendo perdón por el rencor,
buscando su perdón y amor.
Pero ¿Por qué
es tan importante pedir perdón? Primero debemos reconocer que estamos en
proceso de llegar a ser como Dios, a la plenitud de un varón perfecto. (Ef 4.13).
En este proceso de maduración, debemos aprender a perdonarnos unos a otros
porque las relaciones con otros afectan nuestra relación con Dios (Mr 11.25-26.
1 Jn 2.10-11; 3.10). Por lo que podemos decir que aprender a perdonar es un
aspecto esencial del crecimiento.
Claro que la
base para poder perdonar a otros es que nosotros mismos hayamos sido
perdonados. El perdón es una llave importante hacia la libertad espiritual, la
victoria y el gozo.
En Mt
18.21-22 Jesús nos enseña sobre cuántas veces debemos perdonar. ¿7? ¿490? No,
debemos perdonar tantas veces como seamos ofendidos. Claro que nos parece
asombroso, hasta exagerado, pero debemos pensar y ver que esa es la norma por
la cual Él esta dispuesto a perdonarnos a nosotros.
Luego de esta
enseñanza, Jesús les narra una parábola (Mt 18.23-35). Que nos cuenta la
historia de un hombre que le debía al rey algo así como 10 millones de dólares.
Y el rey se lo perdonó porque suplicó. De la misma manera, Dios nos perdona la
deuda tan grande, imposible de pagar, a través del sacrificio y la sangre
derramada de Jesús. Pero este hombre tenía un amigo que le debía lo que hoy
serian 20 dólares, y no quiso perdonarlo, sino que lo entregó a la cárcel.
Cuando el rey se enteró, ¿que pasó? Condenó al hombre a los verdugos hasta que
pagara la deuda. ¿Qué nos enseña esta parábola? Que si no perdonamos, Dios nos
entregará al tormento, hasta que decidamos perdonar.
No solo basta
con perdonar cuando nos ofenden, sino que es recomendable mantener una actitud
correcta hacia los demás. ¿Cómo es posible mantener una actitud correcta hacia
los demás siempre, si hay personas que andan rondando como buitres esperando
que cometamos una falta? La palabra que se traduce "enemigo" en el
Antiguo Testamento, en hebreo significa "observador", uno que está
atento para criticar. Siempre hay personas esperando señalar nuestras faltas,
esperando que fracasemos. ¿Cómo mantener una actitud correcta?
La clave de
esta actitud correcta es la preparación. No debemos dejar pendiente la decisión
de cómo vamos a reaccionar con aquellos que nos ofenden, hasta que nos
encontremos con una situación así. Todas las mañanas, antes de salir de la
casa, podemos decidir responder con amor y perdón a aquellos que nos ofendan.
Que no vamos a permitir que el rencor nos robe la paz y el gozo. Esta simple
decisión diaria puede evitarnos muchos dolores de cabeza.
Cuando
perdonamos, liberamos en las manos de Dios a la persona que nos ha ofendido.
Soltamos la ofensa y al ofensor, renunciando al derecho de herir y lastimar a
la persona que nos ha herido, en otras palabras declinando el derecho de
vengarnos. Entonces estamos preparados para ver a Dios obrar. Por un lado
dándonos paz, guardando nuestros pensamientos (Fil 4.7-8)
y también haciendo justicia.
Bosquejo de
oración
1.
Pida a Dios que lo perdone.
1.1.
Resuelva sus pecados. Pídale al
Espíritu Santo que le muestre las esferas de su vida en las que no agrada a
Dios.
1.2.
Confiese su pecado. Póngase de
acuerdo con Dios y diga lo que él dice respecto de su pecado. Pídale que lo
ayude a odiar sus pecados con un odio absoluto, y que le ayude a liberarse de
su dominio.
2.
Perdone tantas veces como desea
ser perdonado.
2.1.
Medite respecto de la enorme
deuda de pecado que Dios le ha perdonado.
2.2.
De manera consciente y obrando
en su voluntad, perdone a aquellos que han pecado contra usted, y entréguelos a
Dios. Ore por aquellos que lo han ofendido.
3.
Determine en su voluntad
perdonar a cualquiera que lo ofenda durante este día.
3.1.
Hágase el propósito de devolver
bien por mal por el poder del Espíritu Santo.
3.2.
Formule esta declaración de fe:
"Amaré a mis enemigos. Bendeciré a quienes me maldigan y haré bien a
quienes me odian. Oraré por los que me ultrajan y por los que me
persiguen" (Mt 5.44).
Ore pidiendo experimentar en mayor medida el
fruto del Espíritu en su vida: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad,
fe, mansedumbre y templanza (Gá 5.22- 23).
Etiquetas:
Biblia,
Cristianismo,
Estudios Biblicos,
Misión Esperanza,
Oración
viernes, 23 de marzo de 2012
Misión Esperanza: Perdona nuestras deudas
En este capítulo estaremos hablando sobre un
tema muy importante, pero a veces, que no se habla mucho. Sobre el perdón de
pecados. Generalmente cuando pensamos en pedir perdón, pensamos en los
inconversos, en aquellos pecadores que no conocen a Dios y que si necesitan
volverse a Dios para ser perdonados. Pero nosotros, que ya somos sus hijos, nos
conformamos con simplemente decirle “te pido perdón por mis pecados” así, de
forma general, pensando que esa formulita nos salva de pensar en todas las
ofensas que cometemos contra Dios diariamente.
Claro que cuando nos convertimos, pedimos
perdón por todos los pecados cometidos antes de conocer a Cristo, y su sangre
nos limpia de toda maldad.
Ahora que ya ha pasado tiempo desde que nos
convertimos, pensamos que no es tan necesario pedir perdón, porque ya hay
muchas cosas que dejamos de hacer, sobre todo en los pecados visibles.
Pero Jesús nos enseñó que debemos orar pidiendo
perdón por nuestras deudas; así que debemos orar pidiendo perdón por nuestros
pecados. La Biblia nos enseña que “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y
justo para perdonar nuestros pecados, y limpiamos de toda maldad” 1 Jn 1.9
La palabra confesar significa declarar lo que
hemos hecho, contárselo a Dios, y también decir lo mismo que Dios dice, en
otras palabras, si Dios dice que eso está mal, entonces nosotros confesamos que
eso está mal.
¿Cuándo debemos pedir perdón? ¿Una vez al día,
a la noche antes de dormir? Yo creo que en el momento en que Dios nos muestra y
nos damos cuenta que hemos pecado y fallado delante de Dios, ese es el instante
preciso para orar pidiendo perdón. Claro que en nuestra oración diaria, de la
cual venimos hablando en esto capítulos tenemos que pedir perdón, que Dios examine
nuestras vidas, nuestros corazones, y nos muestre aun las faltas que cometimos
sin darnos cuentas o engañándonos a nosotros mismos. Mientras agradecemos por
el sacrificio de Jesús en la cruz, mientras pensamos en la sangre derramada a
nuestro favor, dejemos que el Espíritu Santo inspeccione nuestro corazón,
nuestras intenciones y nos muestre por lo que debemos confesar y pedir perdón.
Pero la palabra deuda abarca más que solo los
pecados. Una deuda es una obligación que se tiene con otra persona. Por lo que
pregunto, ¿Cuánto le debemos a Dios? ¿Cuántas obligaciones no cumplimos y
estamos en deuda con Dios? No solamente es lo malo que podemos llegar a
cometer. Y ya he hablado de los pecados visibles, existen también los pecados
invisibles, de los cuales es más difícil deshacernos porque muchas veces nos
engañamos a nosotros mismos pensando que no es malo o tan malo como algo
visible. Por ejemplo, pensamos que es peor asesinar a alguien que odiarlo,
cuando Jesús enseño que son igual de malos (Mt 5.21-22). Lo mismo podríamos
decir de la fornicación y/o adulterio y el desear la mujer ajena (Mt 5.27-28).
Para Dios ambos pecados, el visible y el invisible son iguales, pero nosotros
somos los que los catalogamos como peores o menos malos. La Biblia nos enseña que
nosotros debemos renovar constantemente nuestra mente, nuestros pensamientos
quitando la amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y milicia,
revistiéndonos de la mente de Cristo y del nuevo hombre (Ef 4.17-32)
También la Biblia menciona que no hacer lo
bueno que uno sabe que debe hacer es considerado pecado o una falta ante Dios
(Stg 4.17). Así que no nos sirve de nada aislarnos y no hacer lo malo, sino que
activamente debemos hacer el bien. Debemos ser proactivos en ayudar, en amar,
en servir a los demás. Porque esto es lo que Dios nos pide, que seamos como El,
que hace salir el sol sobre justos e injustos. Que no da según la apariencia o
la buena relación que tenga sino que el ama y por eso da, nosotros también
debemos actuar de esta manera. En la Palabra hay muchas tareas que Jesús nos
asignó y si no las cumplimos, estamos en deuda.
Para concluir quiero recordarles entonces, que
cada día, al menos en nuestra oración diaria, debemos examinar nuestro corazón,
dejar que el Espíritu Santo nos revele cuáles son nuestras deudas (lo malo
hecho y lo bueno no realizado) y pidamos perdón a Dios.
Etiquetas:
Biblia,
Cristianismo,
Estudios Biblicos,
Misión Esperanza,
Oración
jueves, 15 de marzo de 2012
Misión Esperanza: El pan diario
Sé que este capítulo es el que muchos estaban
esperando. Ya que estudiaremos sobre como pedir, sobre nuestras necesidades y
de qué manera orar, pidiendo lo que necesitamos o anhelamos.
Pero déjenme decirles que para poder pedir, es
necesario antes que centremos nuestra atención en el reino de Dios. En Su
Palabra leemos, que debemos buscar primeramente el reino de Dios y su justicia
(Mt 6.33) y lo demás será añadido. También vemos en el Padrenuestro que primero
se nos enseña a decir: venga tu reino, antes de danos el pan diario. Del mismo
modo, en el Sal 37.4-5 que nos deleitemos en el Señor y el nos concederá los
anhelos de nuestro corazón. En resumen podemos decir, que mientras más
busquemos al Señor, cumplir su voluntad y establecer su reino; más Dios se
ocupará de nuestras necesidades.
Además debemos entender que en cuanto a las posesiones
materiales Dios tiene principios opuestos al mundo. Él dice, debemos dar para
recibir, mientras que el mundo dice, amontona tanto como puedas.
Para
que nuestra oración por nuestro pan diario tenga éxito, hay cuatro
requerimientos básicos que son necesarios:
Estar de acuerdo con la voluntad de Dios
Esto
implica cuatro cosas:
Comunión
con Jesús. Para estar de acuerdo con la voluntad de Dios, es
esencial que tengamos comunión diaria con Jesús a través de la Palabra y la
oración. No basta tener una religión, sino una verdadera relación con Dios.
Comunión unos con otros. He
10.25 se nos ordena que no dejemos de congregarnos y He 13.17 nos manda a que
estemos sujetos a nuestros pastores. Debemos estar en comunión (una buena
relación con los hermanos y hermanas) con una iglesia local y sujetos a un
pastor.
Hábitos de trabajo equilibrados y diligentes. En 1 Ts 4.11-12 Pablo nos dejó instrucciones con respecto a cómo
debemos trabajar. Debemos ganar el sustento con nuestras labores para no pasar
necesidad. Es nuestra obligación trabajar y ocuparnos de ganar el pan, no
siendo ociosos. 2 Ts 3.10-12
Obediencia en las ofrendas. En
Mal 3.10, Dios promete que si le entregamos nuestros diezmos, él abrirá las
ventanas del cielo y derramará tanta bendición sobre nosotros que no podremos
abarcarla. Reconocer a Dios como nuestro proveedor y devolverle con
generosidad, ayuda a destruir la raíz de todo mal, que es el amor al dinero (1
Ti 6.10). Cuando le damos a Dios primero, en lugar de atesorar, estamos
reconociendo que Dios es nuestro proveedor. Recuerde: no podemos pedir
bendiciones de Dios si estamos violando este principio básico en cuanto a la
prosperidad.
Para
sintetizar podemos decir que todo se resume en rendir nuestra vida al señorío
de Jesucristo.
Creer que es la voluntad de Dios prosperarnos
A veces
tenemos tan inculcado que Dios solo oye a los humildes que pensamos que Dios no
nos quiere prosperar. Y esto es así, porque confundimos humildad con pobreza.
Pero vemos que Dios le dio grandes fortunas a Abraham (Gn 24.35), Isaac (Gn
26.1, 12-14). E incluso podemos leer acerca de las riquezas que tuvieron el rey
David y Salomón.
Inclusive
leemos que este último escribió, en Pr 10.22, la bendición de Jehová es la que
enriquece, y no añade tristeza con ella.
También
podemos leer en Dt 8.18 que Dios nos da el poder de hacer riquezas.
En el
Nuevo Testamento encontramos en Lc 6.38 que si damos, se nos dará.
Y Pablo
en Fil 4.19, nos recuerda que Dios suplirá para todo lo que nos falte conforme
a sus riquezas.
¿De dónde
habremos sacado que Dios quiere hijos pobres?
Por
toda la Biblia se nos enseña acerca de la bendición de Dios y de las abundantes
riquezas para nosotros.
Ser específico
Al orar
por la provisión de Dios debemos formular peticiones específicas. No solamente
oraciones vagas, sino las necesidades particulares. Jesús nos enseñó a orar por
el pan nuestro de cada día. Seamos específicos al orar. Tenemos un ejemplo en
la parábola de Lc 11.5-6. El amigo que llega a medianoche, a pedir tres panes.
Pide específicamente parar una necesidad definida.
No nos
olvidemos que también debemos hacer peticiones concretas por las necesidades de
la casa de Dios, no solamente por las de nuestra propia casa.
Ser tenaz
Lc 18.1-8
es el ejemplo perfecto de este punto. La viuda y el juez injusto, que al final
terminó concediéndole la petición por ser insistente y perseverante.
Seguro
que habrá ocasiones en que Dios contestará a la primera oración. Pero habrá
otros momentos en que deberemos interceder y pedir fervientemente, con
tenacidad para alcanzar la victoria.
Debemos
tener una persistencia tenaz y osada para recuperar lo que Satanás, nuestro
adversario, nos ha robado.
Como ejemplo
podemos ver el caso de Daniel en Dn 10.12-14. Desde el primer momento, Dios
había mandado la respuesta, pero por el enemigo, tuvo que orar incansablemente veintiún
días para conseguir ver la respuesta de Dios. ¿Qué hubiera pasado si hubiera
dejado de orar? ¿Cuántas bendiciones nos habremos perdido por no ser constantes
y tenaces en nuestra oración?
No se
desanime ni se rinda, porque si baja los brazos no recibirá la respuesta que
Dios ha preparado para usted.
Resumiendo,
para apropiarnos de la provisión de Dios, el pan nuestro de cada día, debemos
estar en comunión con Dios, creer que El quiere bendecirnos y prosperarnos, ser
específicos y tenaces en la oración.
Bosquejo
de oración
1.
Estar en la voluntad de Dios.
1.1.
Pídale al Espíritu Santo que le ayude a desarrollar
una vida personal de oración, constante, diaria, y a pasar tiempo en la Palabra
para tener comunión diaria con Jesús.
1.2.
Ore pidiendo al Señor que lo arraigue en su iglesia
local, y haga de usted una parte activa y sana dentro de ese cuerpo.
1.3.
Examine sus hábitos de trabajo. ¿Es usted perezoso?
¿Es adicto al trabajo? Pida al Señor que le dé habilidad, eficacia, poder y
equilibrio.
1.4.
Examine sus ofrendas. ¿Está obedeciendo al Señor,
trayendo los diezmos y ofrendas a su casa? ¿O es usted codicioso, tacaño, o un
mal administrador? ¿Paga usted sus cuentas y tiene reputación de ser una
persona honesta que cumple con su palabra? Tómese un tiempo para orar sobre
estos asuntos.
2.
Creer que es la voluntad de Dios prosperarlo.
2.1.
Aprenda de memoria pasajes tales como Lc 6.38 y Fil 4.19
para usarlos como declaraciones de fe cuando ore pidiendo por sus necesidades.
2.2.
Medite en la Palabra de Dios hasta que comprenda
realmente y crea que es la voluntad de Dios bendecirlo.
3.
Ser específico.
3.1.
Presente diariamente necesidades específicas delante
de Dios.
3.2.
Decida orar en lugar de preocuparse.
4.
Ser tenaz.
4.1.
Reconquiste el terreno perdido que el diablo le ha
robado. El desánimo y la incredulidad le han impedido obtener respuesta a sus
oraciones. Tome nuevamente esas peticiones y persevere hasta que obtenga la
respuesta.
Alabe al Señor porque Él es
Jehová-Jireh: El ve su necesidad con antelación y provee para ella.
Etiquetas:
Biblia,
Cristianismo,
Estudios Biblicos,
Misión Esperanza,
Oración
Suscribirse a:
Entradas (Atom)