Mostrando entradas con la etiqueta Oración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oración. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de mayo de 2012

Misión Esperanza: Amén


Bueno, hasta aquí hemos llegado, han sido unos meses apasionantes de entrenamiento, donde hemos visto y analizado el Padrenuestro, y como Jesús nos dejó un bosquejo sobre la oración, para que nosotros podamos orar y permanecer en comunión con Él por más de una hora.
Animo a todos los que han llegado hasta aquí, a no bajar los brazos, se acaba el estudio, pero no el tiempo de orar. Necesitamos levantarnos como el ejército de Dios, como guerreros de oración, ganando la guerra de rodillas contra las fuerzas de nuestro enemigo, el diablo, la serpiente antigua, el gran dragón, que solo quiere destruirnos. Hacer que nuestro tiempo en la tierra sea un infierno y que no disfrutemos de lo que Dios ha preparado para nosotros. Pero repito, solo ganaremos cuando doblemos nuestras rodillas y oremos, proclamando la grandeza de nuestro Dios. Cuando comprendamos la importancia que tiene la oración y lo fundamental que es para nuestra vida cristiana el pasar tiempo con Dios.

Hoy precisamos pasar tiempo con nuestro Señor y Dios. Alabarlo por poder llamarlo Padre, proclamar la grandeza y santidad de Su nombre. Pedirle, que Su voluntad sea hecha en nuestras vidas, que nos provea lo necesario para cada día y el perdón de nuestros pecados. También debemos decidir perdonar a quienes nos ofenden, que Dios nos libre de la tentación colocándonos la armadura que Dios nos ha provisto, y que levante un cerco de protección alrededor nuestro y de nuestras familias. Finalizando nuestra oración alabándolo por ser parte de Su reino, por habernos dado Su poder, y porque un día estaremos en Su gloria por los siglos de los siglos. Amén

El bosquejo Completo de Oración

1.    Padre nuestro que estás en los cielos
1.1.    Piense por un momento en el sacrificio de Jesús, y en la sangre derramada. Alábelo por los beneficios obtenidos.
1.1.1. Agradezca que gracias a ese sacrificio, puede llamar a Dios, Padre.
2.       Santificado sea tu nombre.
2.1.    Decida vivir una vida que santifique y honre el nombre de Dios.
2.2.    Alabe y agradezca a Dios porque Él es:
2.2.1. El gran YO SOY
2.2.2. JIREH, el que provee
2.2.3. MEKADDESH, el que santifica
2.2.4. RAFA, el que sana
2.2.5. NISSI, mi bandera
2.2.6. ROHI, mi pastor
2.2.7. SABAOT, mi máxima autoridad
2.2.8. SHALOM, mi paz
2.2.9. SHAMMAH, mi compañero
2.2.10.   TSIDKENU, mi justicia
3.       Haga una declaración de fe: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad" sobre las cuatro áreas principales.
3.1.    Usted mismo
3.1.1. Asegúrese de estar en buenas relaciones con Dios.
3.1.2. Pídale a Jesús que ocupe el trono de su vida y gobierne en cada esfera.
3.1.3. Permanezca delante del Señor hasta que el curso del día quede establecido, y el Espíritu de Dios esté activo dentro de usted.
3.1.4. Que Dios ordene sus prioridades
3.2.    Su familia
3.2.1. Su cónyuge
3.2.2. Sus hijos
3.2.3. Padres
3.2.4. Hermanos
3.2.5. Otros miembros de la familia
3.3.    Su iglesia
3.3.1. Su pastor
3.3.2. Los líderes de la iglesia
3.3.3. La fidelidad en las personas
3.3.4. La cosecha
3.4.    Su país
3.4.1. Los líderes políticos de la ciudad, del estado, del país
3.4.2. Los líderes espirituales
3.4.3. El avivamiento
4.       El pan nuestro de cada día
4.1.    Estar en la voluntad de Dios.
4.1.1. Pídale al Espíritu Santo que le ayude a desarrollar una vida personal de oración, constante, diaria, y a pasar tiempo en la Palabra para tener comunión diaria con Jesús.
4.1.2. Ore pidiendo al Señor que lo arraigue en su iglesia local, y haga de usted una parte activa y sana dentro de ese cuerpo.
4.1.3. Examine sus hábitos de trabajo. ¿Es usted perezoso? ¿Es adicto al trabajo? Pida al Señor que le dé habilidad, eficacia, poder y equilibrio.
4.1.4. Examine sus ofrendas. ¿Está obedeciendo al Señor, trayendo los diezmos y ofrendas a su casa? ¿O es usted codicioso, tacaño, o un mal administrador? ¿Paga usted sus cuentas y tiene reputación de ser una persona honesta que cumple con su palabra? Tómese un tiempo para orar sobre estos asuntos.
4.2.    Creer que es la voluntad de Dios prosperarlo.
4.2.1. Aprenda de memoria pasajes tales como Lc 6.38 y Fil 4.19 para usarlos como declaraciones de fe cuando ore pidiendo por sus necesidades.
4.2.2. Medite en la Palabra de Dios hasta que comprenda realmente y crea que es la voluntad de Dios bendecirlo.
4.3.    Ser específico.
4.3.1. Presente diariamente necesidades específicas delante de Dios.
4.3.2. Decida orar en lugar de preocuparse.
4.4.    Ser tenaz.
4.4.1. Reconquiste el terreno perdido que el diablo le ha robado. El desánimo y la incredulidad le han impedido obtener respuesta a sus oraciones. Tome nuevamente esas peticiones y persevere hasta que obtenga la respuesta.
4.4.2. Alabe al Señor porque Él es Jehová-Jireh: El ve su necesidad con antelación y provee para ella.
5.       Perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos a nuestros deudores
5.1.    Pida a Dios que lo perdone.
5.1.1. Resuelva sus pecados. Pídale al Espíritu Santo que le muestre las esferas de su vida en las que no agrada a Dios.
5.1.2. Confiese su pecado. Póngase de acuerdo con Dios y diga lo que él dice respecto de su pecado. Pídale que lo ayude a odiar sus pecados con un odio absoluto, y que le ayude a liberarse de su dominio.
5.2.    Perdone tantas veces como desea ser perdonado.
5.2.1. Medite respecto de la enorme deuda de pecado que Dios le ha perdonado.
5.2.2. De manera consciente y obrando en su voluntad, perdone a aquellos que han pecado contra usted, y entréguelos a Dios. Ore por aquellos que lo han ofendido.
5.3.    Determine en su voluntad perdonar a cualquiera que lo ofenda durante este día.
5.3.1. Hágase el propósito de devolver bien por mal por el poder del Espíritu Santo.
5.3.2. Formule esta declaración de fe: "Amaré a mis enemigos. Bendeciré a quienes me maldigan y haré bien a quienes me odian. Oraré por los que me ultrajan y por los que me persiguen" (Mt 5.44).
5.3.3. Ore pidiendo experimentar en mayor medida el fruto del Espíritu en su vida: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gá 5.22- 23).
6.       Nos metas en tentación, mas líbranos del mal
6.1.    Póngase toda la armadura de Dios.
6.1.1. Ciña sus lomos con la verdad.
6.1.2. La coraza de justicia.
6.1.3. Los pies calzados con la preparación del evangelio de la paz.
6.1.4. El escudo de la fe.
6.1.5. El yelmo de salvación.
6.1.6. La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
6.1.7. Orando siempre en el Espíritu.
6.2.    Construya un cerco de protección.
6.2.1. Declare: "Él es mi refugio y fortaleza: mi Dios; en él confiaré."
6.2.2. Porque hemos hecho del Señor nuestra habitación.
6.2.3. Porque le hemos dado nuestro amor.
6.2.4. Porque hemos conocido su nombre.
7.       Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria
7.1.    El reino
7.1.1. Alabe al Señor porque él lo ha trasladado del reino de tinieblas al reino del amor y de la luz.
7.1.2. Alabe a Dios porque él lo ha invitado a participar de su reino.
7.2.    El poder
7.2.1. Alabe al Señor porque él lo ha invitado a participar de su poder.
7.2.2. Medite acerca del poder de Dios su Padre. Compare sus propios problemas frente a las obras poderosas y milagrosas de Dios, y a su gran amor por usted.
7.3.    La gloria
7.3.1. Contemple la gloria del Señor, el carácter y las maneras de Dios exhibidas por medio de Cristo. Pídale al Espíritu Santo que lo transforme a esa misma imagen, formando a Cristo en usted. Pida ser transformado mediante la renovación de su mente.
7.3.2. Pida al Señor que le ayude a andar de manera que lo honre y que lo ayude a servirlo como él lo merece.
7.3.3. Alábelo y glorifíquelo.

jueves, 26 de abril de 2012

Misión Esperanza: Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos


El Padrenuestro se inicia y se cierra con una alabanza. La alabanza y la adoración restauran al pueblo de Dios, dan vitalidad a los creyentes (energía y fuerza sobrenaturales), esenciales para la victoria, la integridad, y la armonía. Por lo tanto, necesitamos aprender cómo dejar que nuestros corazones se eleven a Dios en alabanza y gratitud, alabando y exaltando sus perfecciones y sus obras poderosas, y agradeciéndole por todos sus beneficios.
La Biblia afirma que los impíos se niegan a ofrecer alabanzas a Dios (Ro 1.21; Ap 16.9), pero el pueblo de Dios siempre ha sido y será un pueblo de alabanza. No nos sorprende que la Palabra de Dios revele muchas formas de expresar nuestro amor, gratitud y adoración al Señor. Un examen de las Escrituras muestra que debemos alabar a Dios con nuestros labios, con nuestros gestos corporales, y ejecutando y entonando música.
En el Antiguo Testamento hay algunas palabras en hebreo que nos muestran como alabar y adorar a Dios.
Hallal: "estar tremendamente entusiasmado, exaltar, ufanarse, vociferar, celebrar." Alabanza a viva voz.
Barak: "bendecir, declarar a Dios como fuente de poder para alcanzar el triunfo, la prosperidad, la fertilidad; estar en quietud". Alabanza suave, susurrada
Shabach: "alabar, dirigirse a alguien a viva voz, gritar".
Todah: "extender las manos en gratitud".
Yadah: "adorar con las manos extendidas, extender las manos hacia adelante, disfrutando de Dios".
Zamar: "pulsar las cuerdas de un instrumento, o alabar con un cántico"
Tehillah: “cantar en el Espíritu o cantar salmos”.
Que no nos de miedo dejarnos guiar por el Espíritu Santo para adorar a Dios con nuestras bocas, nuestro cuerpo de la manera que Él nos vaya guiando.

Después que hayamos presentado nuestras peticiones a Dios nuestro Padre, debemos darle nuestra alabanza. Las palabras "porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos", son palabras que carecen de sentido para la mayor parte de las personas. Por ese motivo vamos a estudiarlas brevemente:

El reino
Sal 22.28 "Porque el reino es del Señor"
Mt 6.13 "Tuyo es el reino"
Lc 12.32 "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino"
Col 1.12-14 "Con gozo dando gracias al Padre que nos ha... trasladado al reino de su amado Hijo..."
2 Ti 4.18 "Y el señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial"
Cuando oramos tuyo es el reino, alabemos a Dios, quien nos libró del reino de las tinieblas y nos trasladó a su reino de amor y luz. Alabe a Dios porque lo ha invitado a participar de su reino.

El poder
1 Cr 29.12 "En tu mano está la fuerza y el poder"
Sal 21.13 "Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; cantaremos y alabaremos tu poderío"
Jer 10.12 “El que hizo la tierra con su poder,…”
Sal 66.7 “Él señorea con su poder para siempre;”
Dios nos ha concedido Su poder
Sal 68.35 “…El Dios de Israel, Él da fuerza y vigor a su pueblo.”
Dt 8.18 “… Jehová tu Dios… te da el poder para hacer las riquezas,…”
Is 40.29 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”
1 P 1.5 “… sois guardados por el poder de Dios mediante la fe,…”
1 Co 6.14 “Y Dios, que levantó al Señor, también nos levantará a nosotros con su poder.”
Lc 10.19 “He aquí os doy potestad para hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañara.”
Lc 24.49 “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros;… hasta que seas investidos de poder de lo alto.”
Hch 1.8 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo,…”
1 Co 4.20 “el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.”
Ef 6.10 “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.”
Alabemos a Dios quien nos ha invitado a participar de Su poder y esta disponible para nosotros.

La gloría
Sal 24.8 “¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla.”
1 Cr 16.27 “Alabanza y magnificencia delante de él;…”
Is 42.8 “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.”
¿Qué es la gloria de Dios? Es la evidente perfección de su carácter, especialmente su justicia. Sabemos que todos hemos quedado destituidos de la gloria de Dios (Ro 3.23), y sin embargo él nos ha invitado a ser partícipes de su gloria. Jesús hizo posible esto (He 2.9-10).
Ro 8.17 “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”
Ro 8.18 “… las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”
2 Co 3.18 “… somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
1 P 5.10 “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo,…”
Alabemos a Dios porque nos ha invitados a ser partícipes de su gloria.

"Te alaben, oh Jehová, todas tus obras, y tus santos te bendigan. La gloria de tu reino digan, y hablen de tu poder, para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones" (Salmo 145:10- 13).

"Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre" (1 Crónicas 29:10-13).

Un bosquejo de oración
1.       El reino
1.1.    Alabe al Señor porque él lo ha trasladado del reino de tinieblas al reino del amor y de la luz.
1.2.    Alabe a Dios porque él lo ha invitado a participar de su reino.
2.       El poder
2.1.    Alabe al Señor porque él lo ha invitado a participar de su poder.
2.2.    Medite acerca del poder de Dios su Padre. Compare sus propios problemas frente a las obras poderosas y milagrosas de Dios, y a su gran amor por usted.
3.       La gloria
3.1.    Contemple la gloria del Señor, el carácter y las maneras de Dios exhibidas por medio de Cristo. Pídale al Espíritu Santo que lo transforme a esa misma imagen, formando a Cristo en usted. Pida ser transformado mediante la renovación de su mente.
3.2.    Pida al Señor que le ayude a andar de manera que lo honre y que lo ayude a servirlo como él lo merece.
3.3.    Alábelo y glorifíquelo.

miércoles, 18 de abril de 2012

Misión esperanza: Líbranos del mal


En esta segunda parte de la oración, “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”, estaremos viendo que Jesús nos enseña que debemos pedir por ser librado del poder del maligno, que quiere matar, robar y destruirnos. El enemigo va a atacar, y hacer todo lo posible para influir en nosotros, hasta llegar a dominarnos y hacernos desviar del camino. Por eso esta suplica, va mucho mas allá de pedir superar el deseo de pecar o las tentaciones, es suplicar para que el Señor nos proteja de las fuerzas enemigas que buscan destruir el plan de Dios para nosotros.

Yo les hago una pregunta: ¿Están cansados de repetir el pecado, vez tras vez? ¿Harto que el diablo los derrote y se sientan desesperanzados? ¿Les gustaría saber de que manera vencer y obtener la victoria constante sobre el enemigo?

Construyendo el cerco de protección
 Como primer paso para vencer al enemigo es vestirnos con la armadura completa que Dios nos ha provisto, y que hemos visto en el capitulo anterior.
Y también debemos aprender a levantar un cerco de protección alrededor de nuestras vidas y familias. Leemos en Job 1.10 que Job y su familia tenían un cerco de protección, que impedía que el diablo los tocara, y todo lo que hacían era bendecido. Claro que el secreto lo tenemos en los versículos 1, 5, 6. Job era una persona temerosa de Dios, que oraba y ofrecía holocaustos y sacrificios a Dios. ¿Será que este cerco fue solamente para Job?
Leamos que dice el Sal 91.2: “Diré yo a Jehová: esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré." Y entonces, en el versículos 3 leemos "él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora”.
En los siguientes versículos encontramos tres razones por las que nosotros podemos orar reclamando la protección de Dios. Veámoslas:
“Porque has puesto… al Altísimo por tu habitación” v9: ¿Cómo se hace de Dios nuestra morada? El Sal 22.3 nos enseña que Dios habita en medio de las alabanzas. Cuando nosotros alabamos y adoramos a Dios, comenzamos a habitar en Su Presencia. Pablo también lo dijo en Ef 5.18-19 que debemos ser llenos del Espíritu Santo, hablando entre nosotros con salmos, himnos y canticos espirituales, cantando y alabando al Señor en nuestros corazones. Para resumir, podemos decir que cuando cantamos, Dios habita en las alabanzas, y entonces nosotros moramos en Él. Y entonces, será nuestro refugio.
“Por cuanto en mí (Dios) ha puesto su amor” v14: Nosotros amamos a Dios, porque Él nos amó primero. Pero debemos demostrarlo dándole el primer lugar en nuestras vidas. Si queremos que Dios nos proteja, nos rodee con un cerco de protección, debemos mostrarle nuestro amor. Él nos pide: “Quédate velando conmigo una hora”, pero nosotros le damos prioridad a nuestros propios asuntos. Y cuando nos dimos cuenta, se paso el día y no hemos ni siquiera velado 5 minutos. Es tiempo de que demostremos nuestro amor e interés en Dios, dándole la primera hora del día, y que luego tendremos todo el resto del día para ocuparnos en nuestros asuntos, guiados y acompañados por Él. En la medida en que le entreguemos nuestro amor y nos aferremos a Él con una confianza inconmovible, Dios será nuestra protección.
“Por cuanto ha conocido mi nombre” v14: Pr 18.10 nos dice que "Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado". El nombre de nuestro Señor no sólo significa quién es, sino lo que Él quiere ser en nuestra vida. Recordemos lo que hemos visto en el capitulo sobre “Santificado sea tu nombre”. Conozcamos a Dios por su nombre, y dejémosle a Él ser esta torre fuerte e invencible en nuestras vidas, y que tanto necesitamos.

Para resumir, si queremos que Dios sea nuestro refugio y fortaleza, debemos hacer del Señor nuestra habitación, cantándole alabanzas y adorándole. Demostrémosle nuestro amor buscándolo en primer lugar, sobre todo lo demás. Y conozcamos su nombre, quien es y quien quiere ser en nosotros.
Recordemos nuevamente el cerco de protección que Job tenía, era sobre él, sobre su familia y sobre sus cosas. Esto es lo que Dios puede, y quiere, hacer con nosotros.

Un bosquejo de oración
1.       Póngase toda la armadura de Dios.
1.1.    Ciña sus lomos con la verdad.
1.2.    La coraza de justicia.
1.3.    Los pies calzados con la preparación del evangelio de la paz.
1.4.    El escudo de la fe.
1.5.    El yelmo de salvación.
1.6.    La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
1.7.    Orando siempre en el Espíritu.
2.       Construya un cerco de protección.
2.1.    Declare: "Él es mi refugio y fortaleza: mi Dios; en él confiaré."
2.2.    Porque hemos hecho del Señor nuestra habitación.
2.3.    Porque le hemos dado nuestro amor.
2.4.    Porque hemos conocido su nombre.

martes, 10 de abril de 2012

Misión Esperanza: No nos metas en tentación


Muy bien soldados, hemos llegado a la parte de la oración donde veremos como enfrentarnos al enemigo. Hasta ahora hemos realizado alabanzas y peticiones a Dios, y hemos pedido perdón y perdonado. Podríamos pensar que hasta acá llegaría una oración. Hemos cumplido con todo. ¿O no? Jesús siguió orando, "No nos metas en tentación, mas líbranos del mal."
En este capítulo vamos a estar viendo la primera declaración y en el próximo la protección sobre el mal.
Cuando Jesús nos indica que digamos "no nos dejes caer en tentación", nos está diciendo que pidamos a Dios, que las fuerzas que escapan a nuestro control no nos pongan en aprietos. Nos está ordenando que velemos y oremos para no caer en tentación por nuestro propio descuido o desobediencia.
Sabemos que Dios no tienta a nadie porque Él mismo no puede ser tentado (Stg 1.13). Entonces, ¿de donde proviene la tentación? La Biblia nos enseña que nuestro enemigo, el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 P 5.8).  Y que somos tentados de acuerdo a nuestras concupiscencias (Stg 1.14).
Para poder entender de que manera Dios ha provisto para que no caigamos en tentación, vamos a estudiar brevemente el pasaje de Ef 6.10-18
"Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza." Para poder afrontar este conflicto, necesitamos poder. Y este proviene de Dios, de la comunión con El.
"Vestíos de toda la armadura de Dios." Debemos ponernos la armadura que Dios nos provee de forma completa, sin omitir ningún elemento.
"Para que podáis estar firmes” La armadura nos ha sido dada para resistir. Mantener una actitud firme al enfrentarnos al enemigo.
"Contra las asechanzas del diablo." Debemos resistir los engaños, las mentiras y las estratagemas del enemigo, de nuestro adversario, el diablo. Que ataca a veces de forma sutil, pero peligrosa.
"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." Esto nos tiene que quedar bien claro, no peleamos contra personas u organizaciones. Sino contra las fuerzas espirituales de maldad. Contra gobernantes de las tinieblas. Por eso nuestras armas tienen que ser espirituales y no carnales (2 Co 10.4-5).
"Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo" Para poder resistir en el día de la tentación, debemos ponernos toda la armadura de Dios, De nada sirven las estrategias humanas para resistir. Y, como no sabemos cuando la tentación puede atacar, debemos estar siempre preparados.
"Y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes." Permanecer firme se repite una y otra vez, porque esta batalla, la debemos enfrentar con el propósito de vencer.
"Ceñidos vuestros lomos con la verdad." Se le denomina lomos a la parte del cuerpo que está entre las costillas y la cadera. La prenda de protección que cubría los lomos del soldado romano era la parte primera y más necesaria de su armadura. No sólo servía para conservar la armadura en su lugar, sino para sostener la espada.
Nuestros lomos deben ser cubiertos con la verdad; como creyentes, debemos estar saturados de la verdad de Dios. Debemos saber quiénes somos en Dios, y quién es Dios en nosotros. Y luego actuando según esa verdad, en lugar de actuar según sus emociones.
"Y vestidos con la coraza de justicia." La coraza se usaba sobre el pecho y protegía el corazón y los pulmones. Zonas vitales del cuerpo. Nuestra coraza es la justificación de Dios por medio del sacrificio de Jesús. Esta coraza es la que cuida nuestro corazón de los ataques.
"Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz." En la batalla es de suma importancia poder estar bien parados, estables. Sin trastabillar ni tambalear. Poder dar pasos con firmeza. Para esto son las sandalias. El evangelio nos da firmeza a nuestra vida. En la Palabra encontramos dirección para nuestras vidas. Debemos caminar en la voluntad de Dios
"tomad el escudo de la fe." El escudo era una parte de la armadura que se cargaba sobre el brazo para proteger y cubrir el cuerpo en su totalidad durante la batalla.
La fe nos presta el mismo servicio que el escudo. Nos protege contra los dardos del enemigo. Si creemos en Dios y confiamos en Su Palabra, el enemigo no podrá dañarnos.
"Y tomad el yelmo de la salvación." El yelmo se usaba para proteger la cabeza. El yelmo de la salvación protege nuestras mentes y pensamientos. Debemos pedir y recibir la mente de Cristo, la cual nos ha sido dada a todos los creyentes.
"Y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios." La espada es un arma ofensiva con una hoja de filo adosada a una empuñadura.
La palabra de Dios es el arma entregada al cristiano para poder ahuyentar al enemigo. Por eso es sumamente importante que leamos la Biblia y que la memoricemos para que pueda ser usada en  el momento de las tentaciones, en el momento en que seamos atacados por el enemigo.
"Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu." La última y poderosa pieza de la armadura de Dios es la oración en el Espíritu. Orar en y con el Espíritu. Hasta puede ser en otras lenguas. Esta es la única manera de poder orar sin cesar, cuando oramos en nuestro espíritu. La mente tiene limitaciones, pero el Espíritu sabe orar como conviene Ro 8.26.
"Velando en ello" Se refiere al cuidado que debemos tener para no descuidar la oración, tan esencial para alcanzar la victoria en conflictos espirituales.
"Con toda perseverancia y súplica por todos los santos." No solo debemos orar por nosotros sino por todo el batallón, por todo el ejército. El éxito de uno es el éxito de todos.
¿Cuál es la otra cara de la enseñanza? Que si no oramos, si no nos ponemos la armadura completa de Dios, no podemos resistir los dardos del maligno. ¡No podremos mantenernos en pie!
Este pasaje de Efesios no fue escrito simplemente como una bella metáfora. Fue escrito para que lo obedezcamos y lo apliquemos todos los días de nuestra vida.
¿Pero cómo podemos colocarnos una armadura que no puede ver, tocar o percibir? Por fe. Nos ponemos la armadura al creer y confesar las promesas de Dios. Cada día deberíamos orar para colocarnos la armadura completa de Dios.
Así como aprendimos a vestirnos antes de salir de la casa al colegio o al trabajo, así aprendamos a cada día ponernos toda la armadura de Dios para enfrentar cualquier tentación que provenga del maligno.

viernes, 30 de marzo de 2012

Misión Esperanza: Perdonando al deudor


En el capitulo anterior vimos la necesidad de pedir perdón en nuestras oraciones. Dejar que el Espíritu Santo nos indique pecados y deudas, para confesarlas a Dios y recibir el perdón.
Pero el versículo del Padrenuestro que estamos estudiando dice “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Para Dios es tan importante que le pidamos perdón, como que perdonemos. Y de tal manera esto es así, que Él condicionó nuestro perdón, a la forma en que perdonemos a los demás. Por lo tanto, en este capítulo vamos a ver la importancia de perdonar a otros y como nos afecta.

Cuando alguien nos ofende, por lo general seguimos los siguientes pasos:
Enojo: La primera reacción es enojarnos. “¿Quién se cree que es para hablarme así?” “Señor castígalo”. Incluso lo disfrazamos diciendo que estamos heridos, asombrados, o algo similar para no reconocer nuestro enojo con el ofensor. Pero debemos entender, que a veces Dios permite que nos ofendan para madurar y crecer. Pero nosotros no pensamos en eso, sino que seguimos hacia el siguiente paso.
Alimentación: Le damos de comer a la ofensa, la cuidamos, la dejamos instalarse en todo nuestro cerebro y desde ahí gobernarnos. Y nosotros se lo permitimos, recordándola.
Repetir la escena: El siguiente paso es el de repetir la escena para no olvidarnos ningún detalle, en cámara lenta, y hasta le vamos sacando todo lo que no nos gusta, la vamos modificando para vernos mejor y ver la ofensa más grave y terrible.
Pero llega un momento en que queremos olvidarnos, dejarla pasar o seguir con otra cosa, pero ya se ha instalado, se ha adueñado de nosotros y de nuestro comportamiento. Para eso debemos buscar la solución:
Dispersarla: Entregándosela a Dios. Humillándonos ante Dios, pidiendo perdón por el rencor, buscando su perdón y amor.

Pero ¿Por qué es tan importante pedir perdón? Primero debemos reconocer que estamos en proceso de llegar a ser como Dios, a la plenitud de un varón perfecto. (Ef 4.13). En este proceso de maduración, debemos aprender a perdonarnos unos a otros porque las relaciones con otros afectan nuestra relación con Dios (Mr 11.25-26. 1 Jn 2.10-11; 3.10). Por lo que podemos decir que aprender a perdonar es un aspecto esencial del crecimiento.
Claro que la base para poder perdonar a otros es que nosotros mismos hayamos sido perdonados. El perdón es una llave importante hacia la libertad espiritual, la victoria y el gozo.
En Mt 18.21-22 Jesús nos enseña sobre cuántas veces debemos perdonar. ¿7? ¿490? No, debemos perdonar tantas veces como seamos ofendidos. Claro que nos parece asombroso, hasta exagerado, pero debemos pensar y ver que esa es la norma por la cual Él esta dispuesto a perdonarnos a nosotros.
Luego de esta enseñanza, Jesús les narra una parábola (Mt 18.23-35). Que nos cuenta la historia de un hombre que le debía al rey algo así como 10 millones de dólares. Y el rey se lo perdonó porque suplicó. De la misma manera, Dios nos perdona la deuda tan grande, imposible de pagar, a través del sacrificio y la sangre derramada de Jesús. Pero este hombre tenía un amigo que le debía lo que hoy serian 20 dólares, y no quiso perdonarlo, sino que lo entregó a la cárcel. Cuando el rey se enteró, ¿que pasó? Condenó al hombre a los verdugos hasta que pagara la deuda. ¿Qué nos enseña esta parábola? Que si no perdonamos, Dios nos entregará al tormento, hasta que decidamos perdonar.

No solo basta con perdonar cuando nos ofenden, sino que es recomendable mantener una actitud correcta hacia los demás. ¿Cómo es posible mantener una actitud correcta hacia los demás siempre, si hay personas que andan rondando como buitres esperando que cometamos una falta? La palabra que se traduce "enemigo" en el Antiguo Testamento, en hebreo significa "observador", uno que está atento para criticar. Siempre hay personas esperando señalar nuestras faltas, esperando que fracasemos. ¿Cómo mantener una actitud correcta?
La clave de esta actitud correcta es la preparación. No debemos dejar pendiente la decisión de cómo vamos a reaccionar con aquellos que nos ofenden, hasta que nos encontremos con una situación así. Todas las mañanas, antes de salir de la casa, podemos decidir responder con amor y perdón a aquellos que nos ofendan. Que no vamos a permitir que el rencor nos robe la paz y el gozo. Esta simple decisión diaria puede evitarnos muchos dolores de cabeza.

Cuando perdonamos, liberamos en las manos de Dios a la persona que nos ha ofendido. Soltamos la ofensa y al ofensor, renunciando al derecho de herir y lastimar a la persona que nos ha herido, en otras palabras declinando el derecho de vengarnos. Entonces estamos preparados para ver a Dios obrar. Por un lado dándonos paz, guardando nuestros pensamientos (Fil 4.7-8) y también haciendo justicia.

Bosquejo de oración
1.       Pida a Dios que lo perdone.
1.1.    Resuelva sus pecados. Pídale al Espíritu Santo que le muestre las esferas de su vida en las que no agrada a Dios.
1.2.    Confiese su pecado. Póngase de acuerdo con Dios y diga lo que él dice respecto de su pecado. Pídale que lo ayude a odiar sus pecados con un odio absoluto, y que le ayude a liberarse de su dominio.
2.       Perdone tantas veces como desea ser perdonado.
2.1.    Medite respecto de la enorme deuda de pecado que Dios le ha perdonado.
2.2.    De manera consciente y obrando en su voluntad, perdone a aquellos que han pecado contra usted, y entréguelos a Dios. Ore por aquellos que lo han ofendido.
3.       Determine en su voluntad perdonar a cualquiera que lo ofenda durante este día.
3.1.    Hágase el propósito de devolver bien por mal por el poder del Espíritu Santo.
3.2.    Formule esta declaración de fe: "Amaré a mis enemigos. Bendeciré a quienes me maldigan y haré bien a quienes me odian. Oraré por los que me ultrajan y por los que me persiguen" (Mt 5.44).
Ore pidiendo experimentar en mayor medida el fruto del Espíritu en su vida: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gá 5.22- 23). 

viernes, 23 de marzo de 2012

Misión Esperanza: Perdona nuestras deudas


En este capítulo estaremos hablando sobre un tema muy importante, pero a veces, que no se habla mucho. Sobre el perdón de pecados. Generalmente cuando pensamos en pedir perdón, pensamos en los inconversos, en aquellos pecadores que no conocen a Dios y que si necesitan volverse a Dios para ser perdonados. Pero nosotros, que ya somos sus hijos, nos conformamos con simplemente decirle “te pido perdón por mis pecados” así, de forma general, pensando que esa formulita nos salva de pensar en todas las ofensas que cometemos contra Dios diariamente.
Claro que cuando nos convertimos, pedimos perdón por todos los pecados cometidos antes de conocer a Cristo, y su sangre nos limpia de toda maldad.
Ahora que ya ha pasado tiempo desde que nos convertimos, pensamos que no es tan necesario pedir perdón, porque ya hay muchas cosas que dejamos de hacer, sobre todo en los pecados visibles.
Pero Jesús nos enseñó que debemos orar pidiendo perdón por nuestras deudas; así que debemos orar pidiendo perdón por nuestros pecados. La Biblia nos enseña que “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiamos de toda maldad” 1 Jn 1.9
La palabra confesar significa declarar lo que hemos hecho, contárselo a Dios, y también decir lo mismo que Dios dice, en otras palabras, si Dios dice que eso está mal, entonces nosotros confesamos que eso está mal.
¿Cuándo debemos pedir perdón? ¿Una vez al día, a la noche antes de dormir? Yo creo que en el momento en que Dios nos muestra y nos damos cuenta que hemos pecado y fallado delante de Dios, ese es el instante preciso para orar pidiendo perdón. Claro que en nuestra oración diaria, de la cual venimos hablando en esto capítulos tenemos que pedir perdón, que Dios examine nuestras vidas, nuestros corazones, y nos muestre aun las faltas que cometimos sin darnos cuentas o engañándonos a nosotros mismos. Mientras agradecemos por el sacrificio de Jesús en la cruz, mientras pensamos en la sangre derramada a nuestro favor, dejemos que el Espíritu Santo inspeccione nuestro corazón, nuestras intenciones y nos muestre por lo que debemos confesar y pedir perdón.
Pero la palabra deuda abarca más que solo los pecados. Una deuda es una obligación que se tiene con otra persona. Por lo que pregunto, ¿Cuánto le debemos a Dios? ¿Cuántas obligaciones no cumplimos y estamos en deuda con Dios? No solamente es lo malo que podemos llegar a cometer. Y ya he hablado de los pecados visibles, existen también los pecados invisibles, de los cuales es más difícil deshacernos porque muchas veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que no es malo o tan malo como algo visible. Por ejemplo, pensamos que es peor asesinar a alguien que odiarlo, cuando Jesús enseño que son igual de malos (Mt 5.21-22). Lo mismo podríamos decir de la fornicación y/o adulterio y el desear la mujer ajena (Mt 5.27-28). Para Dios ambos pecados, el visible y el invisible son iguales, pero nosotros somos los que los catalogamos como peores o menos malos. La Biblia nos enseña que nosotros debemos renovar constantemente nuestra mente, nuestros pensamientos quitando la amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y milicia, revistiéndonos de la mente de Cristo y del nuevo hombre (Ef 4.17-32)
También la Biblia menciona que no hacer lo bueno que uno sabe que debe hacer es considerado pecado o una falta ante Dios (Stg 4.17). Así que no nos sirve de nada aislarnos y no hacer lo malo, sino que activamente debemos hacer el bien. Debemos ser proactivos en ayudar, en amar, en servir a los demás. Porque esto es lo que Dios nos pide, que seamos como El, que hace salir el sol sobre justos e injustos. Que no da según la apariencia o la buena relación que tenga sino que el ama y por eso da, nosotros también debemos actuar de esta manera. En la Palabra hay muchas tareas que Jesús nos asignó y si no las cumplimos, estamos en deuda.
Para concluir quiero recordarles entonces, que cada día, al menos en nuestra oración diaria, debemos examinar nuestro corazón, dejar que el Espíritu Santo nos revele cuáles son nuestras deudas (lo malo hecho y lo bueno no realizado) y pidamos perdón a Dios.

Pero, no solo debemos pedir perdón a Dios, también debemos perdonar a quienes nos han ofendido, pero ese es el tema de nuestro próximo capítulo. Continuara...

jueves, 15 de marzo de 2012

Misión Esperanza: El pan diario


Sé que este capítulo es el que muchos estaban esperando. Ya que estudiaremos sobre como pedir, sobre nuestras necesidades y de qué manera orar, pidiendo lo que necesitamos o anhelamos.
Pero déjenme decirles que para poder pedir, es necesario antes que centremos nuestra atención en el reino de Dios. En Su Palabra leemos, que debemos buscar primeramente el reino de Dios y su justicia (Mt 6.33) y lo demás será añadido. También vemos en el Padrenuestro que primero se nos enseña a decir: venga tu reino, antes de danos el pan diario. Del mismo modo, en el Sal 37.4-5 que nos deleitemos en el Señor y el nos concederá los anhelos de nuestro corazón. En resumen podemos decir, que mientras más busquemos al Señor, cumplir su voluntad y establecer su reino; más Dios se ocupará de nuestras necesidades.
Además debemos entender que en cuanto a las posesiones materiales Dios tiene principios opuestos al mundo. Él dice, debemos dar para recibir, mientras que el mundo dice, amontona tanto como puedas.
Para que nuestra oración por nuestro pan diario tenga éxito, hay cuatro requerimientos básicos que son necesarios:
Estar de acuerdo con la voluntad de Dios
Esto implica cuatro cosas:
Comunión con Jesús. Para estar de acuerdo con la voluntad de Dios, es esencial que tengamos comunión diaria con Jesús a través de la Palabra y la oración. No basta tener una religión, sino una verdadera relación con Dios.
Comunión unos con otros. He 10.25 se nos ordena que no dejemos de congregarnos y He 13.17 nos manda a que estemos sujetos a nuestros pastores. Debemos estar en comunión (una buena relación con los hermanos y hermanas) con una iglesia local y sujetos a un pastor.
Hábitos de trabajo equilibrados y diligentes. En 1 Ts 4.11-12 Pablo nos dejó instrucciones con respecto a cómo debemos trabajar. Debemos ganar el sustento con nuestras labores para no pasar necesidad. Es nuestra obligación trabajar y ocuparnos de ganar el pan, no siendo ociosos. 2 Ts 3.10-12
Obediencia en las ofrendas. En Mal 3.10, Dios promete que si le entregamos nuestros diezmos, él abrirá las ventanas del cielo y derramará tanta bendición sobre nosotros que no podremos abarcarla. Reconocer a Dios como nuestro proveedor y devolverle con generosidad, ayuda a destruir la raíz de todo mal, que es el amor al dinero (1 Ti 6.10). Cuando le damos a Dios primero, en lugar de atesorar, estamos reconociendo que Dios es nuestro proveedor. Recuerde: no podemos pedir bendiciones de Dios si estamos violando este principio básico en cuanto a la prosperidad.
Para sintetizar podemos decir que todo se resume en rendir nuestra vida al señorío de Jesucristo.
Creer que es la voluntad de Dios prosperarnos
A veces tenemos tan inculcado que Dios solo oye a los humildes que pensamos que Dios no nos quiere prosperar. Y esto es así, porque confundimos humildad con pobreza. Pero vemos que Dios le dio grandes fortunas a Abraham (Gn 24.35), Isaac (Gn 26.1, 12-14). E incluso podemos leer acerca de las riquezas que tuvieron el rey David y Salomón.
Inclusive leemos que este último escribió, en Pr 10.22, la bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.
También podemos leer en Dt 8.18 que Dios nos da el poder de hacer riquezas.
En el Nuevo Testamento encontramos en Lc 6.38 que si damos, se nos dará.
Y Pablo en Fil 4.19, nos recuerda que Dios suplirá para todo lo que nos falte conforme a sus riquezas.
¿De dónde habremos sacado que Dios quiere hijos pobres?
Por toda la Biblia se nos enseña acerca de la bendición de Dios y de las abundantes riquezas para nosotros.
Ser específico
Al orar por la provisión de Dios debemos formular peticiones específicas. No solamente oraciones vagas, sino las necesidades particulares. Jesús nos enseñó a orar por el pan nuestro de cada día. Seamos específicos al orar. Tenemos un ejemplo en la parábola de Lc 11.5-6. El amigo que llega a medianoche, a pedir tres panes. Pide específicamente parar una necesidad definida.
No nos olvidemos que también debemos hacer peticiones concretas por las necesidades de la casa de Dios, no solamente por las de nuestra propia casa.
Ser tenaz
Lc 18.1-8 es el ejemplo perfecto de este punto. La viuda y el juez injusto, que al final terminó concediéndole la petición por ser insistente y perseverante.
Seguro que habrá ocasiones en que Dios contestará a la primera oración. Pero habrá otros momentos en que deberemos interceder y pedir fervientemente, con tenacidad para alcanzar la victoria.
Debemos tener una persistencia tenaz y osada para recuperar lo que Satanás, nuestro adversario, nos ha robado.
Como ejemplo podemos ver el caso de Daniel en Dn 10.12-14. Desde el primer momento, Dios había mandado la respuesta, pero por el enemigo, tuvo que orar incansablemente veintiún días para conseguir ver la respuesta de Dios. ¿Qué hubiera pasado si hubiera dejado de orar? ¿Cuántas bendiciones nos habremos perdido por no ser constantes y tenaces en nuestra oración?
No se desanime ni se rinda, porque si baja los brazos no recibirá la respuesta que Dios ha preparado para usted.
Resumiendo, para apropiarnos de la provisión de Dios, el pan nuestro de cada día, debemos estar en comunión con Dios, creer que El quiere bendecirnos y prosperarnos, ser específicos y tenaces en la oración.

Bosquejo de oración
1.       Estar en la voluntad de Dios.
1.1.     Pídale al Espíritu Santo que le ayude a desarrollar una vida personal de oración, constante, diaria, y a pasar tiempo en la Palabra para tener comunión diaria con Jesús.
1.2.     Ore pidiendo al Señor que lo arraigue en su iglesia local, y haga de usted una parte activa y sana dentro de ese cuerpo.
1.3.     Examine sus hábitos de trabajo. ¿Es usted perezoso? ¿Es adicto al trabajo? Pida al Señor que le dé habilidad, eficacia, poder y equilibrio.
1.4.     Examine sus ofrendas. ¿Está obedeciendo al Señor, trayendo los diezmos y ofrendas a su casa? ¿O es usted codicioso, tacaño, o un mal administrador? ¿Paga usted sus cuentas y tiene reputación de ser una persona honesta que cumple con su palabra? Tómese un tiempo para orar sobre estos asuntos.
2.       Creer que es la voluntad de Dios prosperarlo.
2.1.     Aprenda de memoria pasajes tales como Lc 6.38 y Fil 4.19 para usarlos como declaraciones de fe cuando ore pidiendo por sus necesidades.
2.2.     Medite en la Palabra de Dios hasta que comprenda realmente y crea que es la voluntad de Dios bendecirlo.
3.       Ser específico.
3.1.     Presente diariamente necesidades específicas delante de Dios.
3.2.     Decida orar en lugar de preocuparse.
4.       Ser tenaz.
4.1.     Reconquiste el terreno perdido que el diablo le ha robado. El desánimo y la incredulidad le han impedido obtener respuesta a sus oraciones. Tome nuevamente esas peticiones y persevere hasta que obtenga la respuesta.
Alabe al Señor porque Él es Jehová-Jireh: El ve su necesidad con antelación y provee para ella.