Somos lo que hacemos día a día.
De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito.
ARISTÓTELES
Básicamente, nuestro carácter está compuesto por nuestros
hábitos. «Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una acción,
cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter,
cosecha un destino», dice el proverbio.
Los hábitos son factores poderosos en nuestras vidas.
Dado que se trata de pautas consistentes, a menudo inconscientes, de modo
constante y cotidiano expresan nuestro carácter y generan nuestra efectividad...
o inefectividad.
Según dijo alguna vez el gran educador Horace Mann, «Los
hábitos son como hebras. Si día tras día las trenzamos en una cuerda, pronto
resultará irrompible». Personalmente, no estoy de acuerdo con la última parte de
esta sentencia. Sé que los hábitos no son irrompibles; es posible quebrarlos.
Pueden aprenderse y olvidarse.
Pero también sé que hacerlo no es fácil ni rápido. Supone
un proceso y un compromiso tremendo.
Quienes fueron testigos del viaje lunar de la Apolo 11
quedaron sorprendidos al ver a un hombre caminar sobre la Luna y volver a la
Tierra. Calificativos como «fantástico» e «increíble» resultaban inadecuados para
describir lo que estaba sucediendo en aquellos días memorables. Pero para
llegar allí, esos astronautas tuvieron literalmente que romper y desprenderse
de la tremenda atracción gravitatoria de la Tierra. En los primeros minutos del
despegue, en los primeros kilómetros del viaje, se gastó más energía que la
utilizada para atravesar medio millón de kilómetros durante los días
siguientes.
Los hábitos tienen también una enorme atracción
gravitatoria, más de lo que la mayoría de las personas comprenden o admiten.
Para romper tendencias habituales profundamente enraizadas tales como la
indecisión, la impaciencia, la crítica o el egoísmo, que violan los principios
básicos de la efectividad humana, se necesita algo más que un poco de fuerza de
voluntad y algunos cambios menores en nuestras vidas. El «despegue» exige un
esfuerzo tremendo, pero en cuanto nos despegamos de la atracción gravitatoria,
nuestra libertad adquiere una dimensión totalmente nueva.
Lo mismo que cualquier fuerza natural, la
atracción de la gravedad puede operar con nosotros o contra nosotros. La
atracción gravitatoria de algunos de nuestros hábitos puede normalmente
impedirnos que vayamos adonde queremos ir. Pero también es la atracción
gravitatoria la que mantiene unido el mundo, a los planetas en sus órbitas y al
universo en orden. Es una fuerza poderosa, y si la empleamos con efectividad,
podemos utilizar los hábitos para generar la cohesión y el orden que
necesitamos para lograr la efectividad en nuestras vidas.
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